La leche materna hace mucho más que alimentar. Además de aportar los nutrientes que el bebé necesita durante sus primeros meses de vida, contiene anticuerpos y numerosos componentes bioactivos que participan en la protección y en la maduración de su sistema inmunológico.
Un sistema inmunológico que todavía está aprendiendo
Al nacer, el sistema inmunológico del bebé aún se encuentra en proceso de maduración. Durante los primeros meses y años de vida irá aprendiendo a responder adecuadamente frente a los microorganismos, los alimentos y las diferentes sustancias con las que entra en contacto.
La leche materna acompaña este proceso aportando diferentes componentes inmunológicos. Entre ellos se encuentra la IgA secretora, un anticuerpo presente en la leche materna que contribuye a proteger las superficies mucosas, especialmente las del aparato digestivo.
La leche materna también contiene otros factores que participan en la maduración de la barrera intestinal, una estructura fundamental porque el intestino no solamente interviene en la digestión: también mantiene una estrecha relación con nuestro sistema inmunológico.
El intestino también participa en nuestras defensas
Durante los primeros meses de vida, la barrera intestinal continúa desarrollándose. Su función es permitir la absorción de los nutrientes que el organismo necesita y, al mismo tiempo, actuar como una barrera frente a microorganismos y otras sustancias presentes en el entorno.
La leche materna aporta diferentes componentes que acompañan la maduración de esta barrera y del sistema inmunológico asociado al intestino. Y acá aparece otro protagonista fundamental: la microbiota intestinal.
¿Qué es la microbiota?
La microbiota intestinal es el conjunto de microorganismos que habitan nuestro intestino. Lejos de ser simples «habitantes», estos microorganismos participan en numerosos procesos del organismo, entre ellos la digestión, el mantenimiento de la barrera intestinal y la regulación de determinadas respuestas inmunológicas.
Durante los primeros meses de vida, la microbiota del bebé está en pleno desarrollo y la alimentación es uno de los factores que influye en su composición.
HMO: un componente muy especial de la leche materna
La leche materna contiene unas sustancias llamadas oligosacáridos de la leche humana, conocidas como HMO por sus siglas en inglés. Una característica muy interesante de estos oligosacáridos es que gran parte de ellos no está destinada a alimentar directamente al bebé.
En cambio, funcionan como sustrato para determinadas bacterias beneficiosas del intestino, favoreciendo el desarrollo de una microbiota intestinal saludable. Esta microbiota participa, a su vez, en la maduración y regulación del sistema inmunológico.
Por eso existe una relación muy estrecha entre:
Lactancia → microbiota intestinal → sistema inmunológico
Estos mecanismos forman parte de las razones por las que la leche materna tiene un papel importante en el desarrollo inmunológico durante las primeras etapas de la vida.
Entonces, ¿la lactancia materna previene las alergias?
Este punto necesita una aclaración importante. La lactancia materna aporta numerosos beneficios y contribuye al desarrollo del sistema inmunológico y de la microbiota intestinal. Sin embargo, no podemos afirmar que un bebé amamantado nunca desarrollará una alergia.
Las enfermedades alérgicas son multifactoriales.
En su aparición pueden intervenir diferentes elementos, entre ellos:
- La predisposición genética.
- Los antecedentes familiares de enfermedades alérgicas.
- Factores ambientales.
- Las diferentes exposiciones durante los primeros años de vida.
- Las características individuales del sistema inmunológico.
¿Qué señales deberían llevarnos a consultar?
No toda dermatitis, cólico, vómito o molestia digestiva significa que existe una alergia. Durante los primeros meses de vida pueden aparecer muchos síntomas por diferentes causas. Sin embargo, es conveniente consultar cuando aparecen síntomas persistentes, repetitivos o claramente relacionados con determinados alimentos, como urticaria, hinchazón, vómitos reiterados, diarrea u otras alteraciones digestivas, dermatitis persistente o síntomas respiratorios. Ante una reacción importante con dificultad para respirar, hinchazón de lengua o garganta, decaimiento intenso u otros signos de una posible reacción alérgica grave, se debe buscar atención médica de urgencia.
Si aparecen síntomas que generan dudas, el objetivo no debería ser comenzar a eliminar alimentos por cuenta propia, sino descubrir qué está ocurriendo. En Alergobioma acompañamos a las familias en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades alérgicas, buscando que cada decisión se tome de acuerdo con las necesidades particulares de cada niño.




